+La historia bien contada A
Como todos los días Romualdo se despierta a las 7 de la mañana y a pesar del frío que rodeaba a la ciudad y con la lluvia golpeando en la ventana de su dormitorio toda la noche, se levanta con una sonrisa, ya que nuevamente iniciará un nuevo viaje en su querido tren, ese tan ansiado viaje desde su cuidad San Bernardo hacia la capital (Santiago) para dejarle a su padre el almuerzo, en ese viaje Romualdo siempre encontraba algo nuevo, disfrutaba mirando el paisaje y llegaba contándole la experiencia mágica del viaje a su papá.
Antes de ir a la estación, Romualdo toma un contundente desayuno junto con su madre y sus dos hermanos, una gran taza de leche caliente de una vaca recién ordeñada, un pan con mantequilla y un par de huevos fritos, un manjar que disfrutaba siempre. Ese día, Miércoles 9 de Agosto, Romualdo miró desde la ventana del comedor hacia la calle y se dio cuenta que aún llovía, por lo que decidió abrigarse y colocarse su mas preciado manto, el manto de Castilla, obsequio de toda su familia para su cumpleaños número 41.
En la despensa de su hogar no quedaba comida para hacer el almuerzo a su padre, llamado Pedro, por lo que decide ir a comprar enseres para poder hacer la comida, va al almacén de la esquina, perteneciente a la familia González, los que eran sus amigos y él un cliente frecuente del almacén; a pesar de su leve síndrome de down, se desenvolvía con normalidad y sobretodo en su barrio, donde lo conocían desde siempre.Sólo tenía dos billetes de 1 peso por lo que sólo le alcanzó para asegurar el almuerzo de su padre y dejar unos centavos para apostar en Santiago jugando crack.
En su retorno a casa se encontró con don Juan, que se encontraba sacando el barro de la entrada de su cité, Romualdo como pudo lo ayudó y aunque no sirvió mucho su intervención, éste le dió un par de centavos por su gentileza.
Una hora mas tarde, a las 9 de la mañana, Romualdo estaba listo, se despide de su madre con un beso y de sus hermanos con un “pórtense bien”, sale de su casa y se da cuenta que no llevaba consigo la loncherita con el almuerzo de su padre, se devuelve y ya su madre estaba en la puerta de la casa con la lonchera en mano diciéndole “¡tan olvidadizo niño!” y le entrega la loncherita con su misión al interior de ésta.
Romualdo se demoraba cada día media hora hasta la estación para tomar el tren, por lo que esta vez con la inesperada lluvia se demoro más de lo normal, mientras esperaba a que cesara la lluvia un poco, se refugió bajo el techo de un almacén y ahí leyo una noticia del diario del día, el cual decía que la lluvia había azotado desde Aysén hasta la provincia de Santiago, al bajar un poco la intensidad lluvia, siguió caminando y llegó a la estación a eso de las 10 de la mañana.
Llegando a la estación todos lo saludan, ya que era conocido por todos e inmediatamente se sube al tren , entregando su boleto, el cual su padre le compraba todos los días y esperaba a que se lo marcaran, recorría el pasillo del vagón número 3 del tren y se sentaba en el mismo asiento todos los días, el número 7, su número de suerte, el cual también estaba al lado de la ventana y así podía disfrutar de la vista del paisaje que tanto le gustaba.
Ya comenzado el viaje, a eso de las 10:15, Romualdo le contaba siempre al que iba como compañero de asiento las experiencias que veía en el viaje, en el cual algunos sólo asentían y otros le seguían su juego, inocente y divertido.
A medida que avanzaba el tren, el paisaje se urbanizaba y atrás iba quedando su querido campo y con un poco de dificultad se entretenía leyendo los anuncios que se encontraban dentro del tren.
Ya llegando a la estación Central de Santiago a eso de 11:15 de la mañana, Romualdo se baja del tren y se despide como todos los días de todos los funcionarios con un saludo de mano, en la estación, Romualdo siempre se quedaba conversando con la gente que transitaba en el lugar, ya sea con turistas o con los mismos funcionarios, los que algunas veces le regalaban dulces o galletas, cuando veía algún turista perdido, Romualdo siempre se les acercaba para ayudarlos con alguna dirección dentro de la ciudad, los guiaba hacia el acceso de la estación y les indicaba con su dedo índice la dirección del lugar que necesitaba alguna persona perdida; gracias a su buena acción , los funcionarios de premio le entregaban una gran paleta dulce.
Tan entretenido estaba Romualdo que fácilmente pasaba alrededor de una hora “jugando”, y siempre 5 minutos para las doce del día, Romualdo partía a dejarle la comida a su padre en la fábrica de confección de zapatos "Sáez", que quedaba cerca de la misma estación.
Pero esta vez fue distinto.
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Romualdo no se había dado cuenta que había pasado la hora de su reunión con su padre (12 del día) para la entrega del almuerzo ya que se quedó jugando con unos obreros que arreglaban los rieles de la misma estación, al “crack”, un tipo de apuesta, que en ese entonces era muy mal vista, estos tipos le dijeron a Romualdo si quería jugar, éste respondió que sí y se quedó jugando hasta las 3 de la tarde sin percatarse del tiempo transcurrido, como los apostadores se dieron cuenta del pequeño retraso que tenia Romualdo, se aprovecharon de éste y lo empezaron a engañar con dinero, éste a pesar de su retraso, era muy pillo por lo que se dio cuenta de la estafa y los amenazó diciéndoles que no iba a jugar más con ellos, nunca más. Los apostadores enojados, lo amenazan y le dicen que si comenta algo se va a arrepentir, por lo que Romualdo decide escapar del lugar donde estaba. A
Asustado, Romualdo como nunca se escabulle entre unos pasajes que él no conocía, por lo que se pierde; angustiado, empieza a caminar a paso rápido por estas calles desconocidas, además, la lluvia era imparable y cada vez más fuerte; cansado de tanto caminar, se refugia en el techo de una casa, se larga a llorar y es escuchado por el dueño de casa el cual sale y le grita que saliera de ahí, por lo que Romualdo sale asustado y se larga a correr sin destino. Ya son las 5 de la tarde.
Por su parte don Pedro, su padre, lo estaba esperando en la entrada de la fábrica a eso de las 12 del día y transcurridos 10 minutos, se empieza a preocupar. Empieza a mirar de esquina a esquina si es que Romualdo se ha quedado conversando con algun transeúnte, y nada….pasados 15 minutos a eso de las 12:25 don Pedro, empieza a recorrer alrededor de la estación Central buscando a Romualdo y al no encontrarlo por ningún lado empieza a angustiarse cada vez más, recorre de un lado a otro sin tener respuesta ; ya son las 12:30 y don Pedro tiene que volver al trabajo, ya que si no vuelve, es despedido y debido a sus deudas y el cuidado de su familia no podía dejar que lo despidieran.
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Don Pedro vuelve a su trabajo muy mal y angustiado y les cuenta a sus jefes lo sucedido, no le prestan atención y le dicen que vuelva a su puesto de trabajo, esté vuelve sin dejar de pensar en su hijo más regalón.
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Ya son las 3 de la tarde y don Pedro se escabulle de la fabrica en busca de Romualdo, pero es descubierto por su jefe el cual lo amenaza con la perdida de su trabajo, él, con rabia y resignación vuelve a su puesto.
Son las 5:30 de la tarde, término del horario laboral y don Pedro sale desesperado en búsqueda de Romualdo.
Comienza a recorrer los barrios santiaguinos donde hay más comercio, ya que a Romualdo le encantaba mirar las vitrinas con los nuevos productos en venta, y siempre había algo nuevo por mirar, recorrió los mismos pasajes que Romualdo acostumbraba a mirar pero sin tener pista alguna de su hijo. Son las 6 de la tarde y ya empezaba a oscurecer. A
Romualdo por su lado, desesperado, trata de volver a la estación Central de trenes para volver a su ciudad, empieza a preguntarle a la gente que pasaba cómo llegar a la estación, pero ésta no lo oía y seguían de largo, estuvo así durante media hora, hasta que una señora se apiada y le dice cómo llegar, Romualdo muy agradecido, saca de la lonchera de su padre una manzana y se la regala.
Ya en dirección correcta hacia la estación pasa por una calle muy oscura, en la que en un letrero hecho a mano decía que se llamaba calle San Borja.
Romualdo camina a paso fuerte y muy valiente, llegando a la esquina, mira hacia la derecha y se da cuenta de que por fin a llegado a la estación de trenes, pero al doblar mira y ve que lo estaban esperando los obreros apostadores, empieza un forcejeo y una pelea, los apostadores le decían que debía plata que había apostado jugando, éste les dijo que no tenía, los apostadores le dijeron que en cambio de ese dinero les entregara su manto de Castilla, Romualdo les gritan que no, que jamás se las entregaría que era regalo de su papito, al negarse, los apostadores sacan una cuchilla y lo apuñalan, asesinándolo a sangre fría.
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Son las 6:30 de la tarde.
Mientras tanto, don Pedro, angustiado por su hijo sigue recorriendo las calles preguntando si han visto a Romualdo pero nadie sabe de él, llega a la estación Central preguntando por Romualdo y nadie sabe de él, dicen que lo vieron jugando con unos obreros al crack y que de ahí no lo han visto más, don Pedro recorre toda la estación con una lluvia intermitente, empapado sigue recorriendo y buscando a Romualdo, hasta que en la esquina de la calle San Borja ve tirada una lonchera, se da cuenta que es su lonchera, mira en el interior y aun estaba el almuerzo que le iba a entregar su hijo, mira un poco mas allá y ve a Romualdo tirado en la calle boca a bajo, sin su manto de Castilla.
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Son las 7 de la tarde y Romualdo yace bajo un oscuro día junto con una interminable lluvia.
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Santiago llora la muerte de Romualdito, su santo y querido justiciero del vandalismo callejero.
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Desde ese día en la estación central de Santiago dicen haber visto a Romualdito jugando y haciendo sonar su lonchera con la comida de su padre por las paredes de sus queridos trenes, como haciendo entender que ése es su lugar favorito y que nunca mas se alejara de sus trenes y sus aventuras vividas dentro de sus vagones.A
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La historia de Romualdo parte en su casa ubicada en la comuna de San Bernardo, el día Miércoles 9 de Agosto de 1933 , a las 7 am, luego se dirige a tomar el tren con dirección a Santiago para dejarle la comida a su padre, llegando a Estación Central, Romualdo es asaltado robándole su manto de Castilla, finalmente es brutalmente asesinado en la calle San Borja.
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